“Después de todo, si no te resistes a la inevitabilidad aparente, nunca sabrás cuán inevitable fue lo inevitable”

Terry Eagleton, Why Marx Was Right. Yale University Press 2012.

Un manifiesto no evitado

Los artistas y comisarios de esta exposición nos hemos involucrado en el proyecto de Politicians For Change porque creemos imprescindible manifestarnos con las herramientas de las que disponemos en contra de las actividades delictivas realizadas por ciertos políticos que dicen representarnos. Realizamos una exposición con una serie de obras que atacan directamente a los protagonistas de estos actos delictivos, ya que la corrupción no es algo que está en el aire, como diría del amor la canción de John Paul Young, sino que es debida a las acciones concretas perpetradas por personas que aprovechan su posición política para actuar en su propio beneficio y en detrimento del bienestar y la dignidad de los ciudadanos. Se nos ha invitado a poner cara a la corrupción, y nosotros a su vez invitamos a todos los ciudadanos a hacer lo mismo: ponerle cara en nuestros ayuntamientos, distritos y comunidades vecinales a las personas corruptas, porque creemos que no debemos hablar de corrupción en sentido abstracto, sino de todas las personas corruptas, aquellas que hacen el mal de manera sistemática.

¿Politicians For Change?

Ejercido desde la libertad de expresión, PFC propone un planteamiento sencillo, alejado de lo innovador, en el que a un número determinado de artistas se les propone realizar un retrato (en su más amplio sentido) de un político concreto, sacados estos de una lista de condenados por corrupción. Pero es en este sencillo proceder, donde reside la fuerza del proyecto, es en su evidente banalidad donde se refleja la veracidad de nuestra propuesta.

Aludiendo la fórmula de Engels* en la que reivindica un realismo para el arte, basado en la tipificación antes que en la particularidad, estos personajes políticos pasan a formar un conjunto que apunta hacia una realidad para nosotros  tangible el actual régimen cleptocrático vigente. PFC no pretende ser un catálogo de excepciones, sino, más bien, trazar una cartografía de la realidad política total, a través del conjunto al que apuntan estas experiencias concretas.

Para todos aquellos que entendemos que estética y política encuentran su punto común en la ética, creemos que el arte proporciona una aventajada plataforma para dar visibilidad a aquellos problemas de lo social y por ende de lo político. Entendiendo el arte contemporáneo como un área de prácticas significantes y discursivas, con un potencial transformador y emancipatorio y de gran capacidad organizadora, no es difícil entonces apreciar su idoneidad a la hora de albergar el presente proyecto, este que pretende aprovechar las zonas comunes que existen entre práctica artística y activismo político.

¿Se puede retratar la corrupción política?

Tan solo el corrupto o el idiota moral* estarían en desacuerdo con la lucha contra la corrupción. En una democracia representativa como la nuestra, la corrupción ocurre cuando ésta falla en representar a la ciudadanía. ¿Quién es entonces el sujeto de su representación?

Para que esta lucha sea efectiva y para entender la magnitud y extensión del problema, es necesario contextualizar el fenómeno de la corrupción, entendiéndolo como una consecuencia directa del modo de producción capitalista en su etapa neoliberal; nosotros estamos de acuerdo con David Harvey cuando proclama que el neoliberalismo es un proyecto de clase que intenta restablecer el poder absoluto tanto económico como político de la oligarquía*.

El mayor problema al retratar la corrupción política en nuestro país reside más bien en aquellas causas no juzgadas, algunas ni siquiera contempladas en la legislación vigente. Tipos de corrupción tales como la malversación son claras e indiscutibles, pero tan solo constituirían una serie de anécdotas en los juzgados si no estuvieran acompañadas por el entramado estructural que las alimenta, aquel que distorsiona el buen hacer democrático. La indignación presente en España se limita a estos casos concretos, causando una crisis de legitimidad a ciertos partidos, pero no una crisis a la hegemonía de los bloques de poder dominantes.

Esta muestra tratará de presentar esta colección de árboles como manifestación sustancial de la estructura del bosque.

El arte contemporáneo no es periodismo social, el arte contemporáneo se mueve tanto entre aspectos fácticos como ficticios y nunca deja de ser un acto de expresión subjetiva.

– Enrique Miguélez y Daniel Silvo –


* Engels, F. (Abril 1988). Engels to Margaret Harkness. Correspondencia Selecta [Transcripción Dougal McNeill en el 2000]. Tomado de Marxists.org [www.marxists.org]

* Norbert Bilbeny.

* Harvey, D. (Agosto 2014). El Neoliberalismo es un Proyecto de Clase. Centro de Investigaciones Sociales de la Presidencia, Bolivia [Transcripción de la Entrevista]. Tomado de VientoSur.info [www.vientosur.info].